sábado, 14 de noviembre de 2009

Lo que le paso a la Luna por coqueta !!!

La noche que desapareció la luna


La naturaleza y sus fenómenos estaban molestando desde hace un tiempito a la luna.
Presa del mal clima no podía resplandecer su belleza en el agua; había llovido tanto que se encontraba atascada en el cielo encapotado.
Estaba harta de esperar, que luna nueva, que cuarto creciente, que cuarto menguante, y que ocho cuartos.
Ya estaba en la luna llena y no aguantaba más.
Entonces decidió esperar con paciencia a que el ciclo del día hiciera lo suyo.
Los últimos hilos de luz se empezaron a disipar por el horizonte, dándole el turno a la noche. La temperatura empezó a bajar.
El viento soplaba con sutileza desparramando las nubes que aun habían quedado de la tarde, estas eran grises tirando a negras. Las esfumó de tal modo que la luna aprovechó para escaparse, claro, dejando al descubierto su vestidura blanca; y de fondo se oía el gorjeo nocturno de algún pájaro rezagado que parecía enviar mensajes de cortejo.
Volviendo a lo anterior, la luna esa noche no tuvo mejor idea que dar un paseo por el pantano, elegante e irradiando su blancura por donde aun asomaban espejos de agua, ya que el lugar estaba lleno de musgo y camalotes.
La luna seguía disfrutando de su paseo romántico mientras que de entre los árboles salía y jugueteaba algún que otro sapo, salpicando la rivera con gotas de cristal.
Cuando de repente una bruma espesa, hizo que la noche se convirtiera en tenebrosa, asustando a la luna. Esta apuró su paso, pero la bruma creció de tal manera que no se podía ver ya su reflejo en el agua.
Una hiedra trepadora salió de entre la viscosidad del pantano y la empezó a rodear, enredándola por completo. La luna quiso escapar pero no podía zafarse y a medida que se movía, el agua se ondulaba embrollando la flora que cubría al pantano. La luna no se quería dejar atrapar por la negrura de la horrible ciénaga pero ya era demasiado tarde: había amanecido.