Un mar sin gaviotas
Erguido con su vigía incesante el faro es testigo
Del cruel destino de la ignorancia y el error ajeno.
La mancha voraz con sus restos de ambición
Flota devorándose todo a su paso.
La arena fría es la tumba de los ecos de vida que ya
No suenan con el romper de las olas.
Solo huellas marcadas por doquier me llevan
A los cuerpos mártires callados injustamente.
Manos de marionetas siembran semillas de maldad
Con el solo fruto de la muerte y la desolación.
Paraíso vacio, alguna vez ante mis ojos postal
De ensueño, flora, fauna, castillos de arena;
Mis oídos zumban el gorjeo perdido de las gaviotas
Que hoy ya no escucho, la brisa muda eriza la tarde
Enmudeciéndola y a la distancia el perdido horizonte
Obsoleto termina con el paisaje de un mar sin gaviotas.
lunes, 30 de agosto de 2010
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