Con los pies descalzos desnudos de cansancio
Y con la cara pintada de calle, reflejan el dibujo
Sobre sus labios un viejo resfrío.
Desparejo y opaco su pelo acompañan sus ojos
Tristes, es el viajero de ningún lugar, solo viene
Y va, cambió el abecedario por andar, su niñez
Por la madures obligada, y los juegos por su
Profesión, pedir.
Su tiempo es uno, el día y la noche se fusionan
Tornándose un rumbo sin destino.
Cuando el maltrato los sorprende caen rendidos
Unos sobre otros, dándose abrigo.
Lastimosa y pesada, sin nada que dar les juega
La vida, que quiebran esas pequeñas manos
Curtidas, de tanto mendigar.
Trapeados y de agujeros pintorescos es la postal
De los pequeños rostros de los niños la calle.
Sergio Omar Garcia
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