La maldad desenfrenada, devora las almas puras, mitigando la gula cruel de las bestias en que nos convertimos, por la codicia inevitable del egoísmo.
Quedando preso y en penumbras el aúllo de nuestro interior vacío, cayendo al abismo de fuego y lava que rasga las venas fosilizando y evaporando al corazón.
Sergio Omar Garcia
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